Comienza la cuenta atrás para mi llegada a Leuven, para emprender la nueva vida Erasmus. Durantes este tiempo de espera me han venido miedos de todo tipo, que aún siguen viniendo por doquier. Miedo a no saber adaptarme, a no aprender el idioma con el ritmo requerido, a suspender, a agobiarme, a no encajar, a no saber ser yo misma, a perder mis capacidades empáticas y mi actitud positiva por mi inexistente manejo del idioma, a echar de menos todo lo que dejo detrás... en fin, muchos otros y muchos derivados de estos. Ahora no se cómo tomármelos, estoy a la espera, quiero tener ganas de todo lo que se me presenta, pero se que va a ser una mezcla de euforia, nostalgia, soledad acompañada, agobios, ratos inolvidables y diferentes... Desde el principio he sabido lo que esto puede suponerme como crecimiento, pero también he sido consciente que no es algo fácil. ¿Seré capaz de pasar la prueba que me han brindado? Tengo que espabilarme, estoy haciendo la maleta, metiendo lo mejor de mi, lo mejor que me han dado los demás, las palabras que dicen de lo que soy capaz, mi estuche con los lápices para ir pintando lo que vivo y se me quede plasmado para siempre (o hasta que sea necesario), una vista pasada por oculista para poder ver aquello que aún tendré en común con los de aquó, pues vivimos en un sitio pequeño, tanto es así que seguimos compartiendo gran parte del escenario aún marchandome. Al hacer una maleta siempre nos queda la cosa de que nos dejamos algo... Seguro que se me olvida algo... ¿Os venís conmigo? Por otro lado, seguro que me llevo cosas de más, como malas funciones de onda o esos miedos... ¿Qué puedo meter en mi maleta para contrarrestar esto? Repito... ¿Os venís conmigo? Hoy he leído una cosa que me ha consolado, un amigo y compañero físico ya ha empezado su aventura en Vancouver y según dice, “los estudiantes de física son iguales en todas partes del mundo (por suerte)”. Espero que sea verdad, porque unas frikadas conocidas siempre vienen bien. Estos días he tenido muchos “nos vemos pronto”, pero creo que se han tomado eso de “el tiempo es relativo" demasiado en serio. Si tomás “el tiempo es relativo” según Einstein (que algún día explicaré), en estos momentos nos (me) sirven de poco, ya que todos sabemos que no hay demasiadas diferencias con nuestras aceleraciones y velocidades (si, vale, puede que en el avión rejuvenezca un poco respecto a vosotros). En cambio si tomamos “el tiempo es relativo” en nuestra cabeza.... Mi tiempo se hará aún más largo que el vuestro, será directamente proporcional a los cambios que sufran mi vida, lo que ese “pronto” se convertirá en un “no tanto”. Nos vemos “pronto” por el blog, por Leuven, o en el mundo de los sueños y de la imaginación.
¡Si! ¡Ya se que tengo que contarlo! Pero espérate un momento… Tengo que pensar qué y cómo puedo decirlo. No es algo sencillo, cuando crees que justo has encontrado la oración perfecta te decepciona encontrarte con una respuesta corroborando lo contrario. No es solo un hecho lo que debo contar, es mucho más, cada vida es mucho más, cada cambio es una vida, cada decisión es un cambio, cada pensamiento es otra decisión y cada pensamiento es un sentimiento demasiado profundo para explicarlo. Con nuestros relatos, solo lleno de sucesos, intentamos simplificarnos, como el físico cuando empieza con un problema, desprecias el rozamiento y algunos pesos, las formas indescriptibles se convierten en definibles, no hay deformaciones de lo que no nos interesa, en definitiva, quitas variables, quitas información y el resultado, no es la realidad.
Creo que voy a salir un rato para aprovechar esta calidez nada bochornosa en al que nos encontramos, con la brisa, su olor a mar y su tranquilidad, incluso uno se puede olvidar de los coches que le rodean. No me estoy escaqueando, estoy pensando, que a lo mejor no se que tengo que contarlo, a lo mejor no tengo que contarlo ¿Por qué estás tan seguro? No siempre me escuchan, ¿Por qué esta vez iban a hacerlo? No es nada demasiado importante y mi introducción ha sido demasiado larga, seguro que ahora desilusiona por falta de contenido. No es como haber descubierto que hablar de energía y materia es equivalente, es más como haber encontrado al asesino en el Cluedo, no es gran cosa y además no sabes ni dónde ni con qué se produjo el crimen.
El cansancio ahora me puede, mañana es el futuro inminente que tiene más probabilidades de llegar, y por tanto, me parece un buen momento al que posponerlo.
En estos últimos meses mi lectura ha sido más asidua de lo habitual, aunque con algunos parones (como en el que me hallo), pero compensados por un aumento de ritmo una vezsuperado.
Estos se han basado especialmente en “Libros míticos de la ciencia-ficción”. Con una característica común muy concreta, se encuentran en esta temática pero no se consideran de ella. Algunos defienden que su posición aparece ahí a causa del uso del escritor de desarrollar la historia en lugares, sociedades, y mundos no existentes y/o situados en un futuro. Esto convierte a ese escenario perfecto para las diferentes reflexiones que quiere enseñarnos el autor, punto clave de cada libro.
Mi repertorio de libros ha sido:
-“Fahrenheit 451” (1953) de Ray Bradbury.
-“Un mundo Feliz”(1932) de Aldous Huxley.
-“Crónicas Marcianas” (1950) de Ray Bradbury.
-“1984” (1949) de George Orwell.
-“La naranja mecánica” (1962) de Anthony Burgess.
(Además de “El libro de los amores ridículos” de Milán Kundera, “2001, Una odisea espacial” de Arthur C. Clarke y “Maestro cantor” de Orson Scott Card, pero que no me sirven para la discusión/comparación que quiero hacer ahora).
Cada uno de estos libros daría mucho de qué hablar, son grandes libros y cada uno a su modo. Pero haré un pequeño resumen.
Fahrenheit 451 presenta un lugar donde los bomberos no se dedican a apagar fuegos, sino a provocarlos con los libros encontrados y castigando a sus poseedores. El protagonista es un bombero que comienza a discernir sobre el tema, cometiendo “herejía”, intentando hacerse con algún libro. ("Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres." Heinrich Heine.).
“La televisión, esa bestia insidiosa, esa Medusa que convierte en piedra a millones de personas todas las noches mirándola fijamente, esa sirena que llama y canta, que promete mucho y en realidad da muy poco.”
Un mundo feliz, es una sociedad estratificada por completo. Desde la concepción, en tubos de ensayo, existe un orden de las diferentes clases sociales. Con una educación determinista basada en la felicidad de cada individuo en el lugar bien delimitado que le corresponde, no deseando estar ni por encima ni por debajo de su grado. Son completamente felices, pero a costa de perder todo aquello que llamamos cultura, familia, arte, ciencia, filosofía…
"El secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que se tiene la obligación de hacer."
1984, me recordó al principio a Un mundo feliz. Un mundo donde todos están controlados, donde si te sales de los parámetros muy bien establecidos eres castigado y acusado. Pero con una diferencia asombrosa, aquí todos tienen que ser felices tal como dice la frase, pero en un mundo completamente desgraciado, no solo es insatisfecho como crecimiento personal e/o individual, sino que los niveles físicos están en desgaste continuamente y siendo el dominio de la ley realmente absoluta, centrándose aún más en un control tanto de actos como de pensamientos. Descartes decía: “Pienso luego existo” aquí la frase sería: “Existo si el partido piensa que existo”.
“Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que lo mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿Cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que el pasado no puede ser alterado. ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?”
“La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados.”
Crónicas marcianas,son pequeñas historias transcurridas en Marte, en ocasiones los protagonistas son los marcianos y en otras los terrestres, con un hilo temporal que empieza con las primeras visitas de los humanos hasta la última. Este sería el libro más diferente respecto a los otros, los primeros relatos la sociedad clave es la marciana y el comportamiento de cada especie en su mutua interacción, particularmente mi parte preferida.
Aunque no es lo principal, también te muestra retazos del pensamiento terrestre sobre la cultura, como en su anterior obra, los libros siguen estando mal visto y todo conocimiento e imaginación que te aportan.
La naranja mecánica, su descripción del mundo es menos directa, centrándose más en el protagonista, un joven psicópata que pasa su vida en una sociedad que se encuentra en deterioro, con crímenes por doquier. El escritor propone una solución a esos “malchicos malecos” que describe con su peón y el dilema moral que conlleva, ¿Hasta qué punto está bien obligar a alguien a ser bueno?
“Dios prefiere al hombre que elige hacer el mal, antes que al hombre que es obligado a hacer el bien.”
Lo que más me llamó de este libro es la jerga usada por ese pequeño mundillo que se mueven los jóvenes de esa casta.
Algo en común que a mi parecer tienen es ese punto pesimista hacia el ser humano, hacia la humanidad, y a un posible desenlace de movimientos políticos. En general todos tienen un protagonista que se sale de su lugar, que sus pensamientos no son los que se esperan de él. Estos son con los que nos sentimos identificados en ese universo que desconocemos, pero vamos descubriendo que también son hijos de su educación y su tiempo.
Las palabras son inciertas, erróneas, incompletas, inexactas, dudosas, confusas, y aún con estos adjetivos no tendría todo lo que quiero dar a entender qué son. Pretendemos explicarnos con ellas, dar a conocer nuestros sentimientos, estados de ánimo, pensamientos complejos. Pero al darles forma de palabras lo que hacemos es intentar simplificar todo ello a esas cinco palabras que usemos, quedándonos disconformes, con ese gusanillo de “no he dicho todo lo que quería decir”.
Incluso usamos nuevas definiciones para una palabra ya conocida, para intentar concretizar, cuando un científico denota algo como “Teoría” le da un carácter más auténtico, de mayor importancia, que cuando comúnmente la usamos. Creo que donde se ve más frecuentemente esto es en los filósofos, que se quedan sin palabras para definirnos, para definir las ideas puras; “alma”, “cuerpo”, diferentes definiciones en la metafísica de Descartes y de Platón; “circunstancias”, “razón”…Aunque no debería extrañar proviniendo de los padres de las ciencias, de las artes, inventores de las palabras y sus sentidos.
Un profesor en toda su sabiduría nos dijo el año pasado, después de equivocarse en la pizarra un par de veces, “No hagan caso a lo que escribo ni a lo que digo, solo a lo que quiero decir”. Aunque esto puede resultar confuso la veracidad de esta frase es algo que veo con bastante claridad. A más de uno le habrá pasado que mientras va escribiendo, hablando y pensando en un rato acaba contradiciéndose en las dos primeras: “Somos diez para ir el doce a la playa, es decir los seis que estamos aquí mas cuatro, que son doce…”. Pero la frase puede ir más allá de lo trivial de este ejemplo. Como empecé, las palabras son insuficientes para expresarnos y dan lugar a error, muchas veces tenemos que adentrarnos más para saber qué realmente nos dice la otra persona, no quedarnos en la superficie de las palabras, esas palabras que tanto nos gustan y que van enriqueciéndonos poco a poco con su conocimiento. Cada vez que construimos una frase nos paramos en qué cosas la constituirán, qué parte de nuestro pensamiento queremos enseñar, a veces enseñamos menos de lo que nos gustaría y otras veces el subconsciente nos juega una mala pasada dando a conocer más de lo que deseábamos.
Muchos malentendidos y discusiones a lo largo de nuestros días vienen precisamente por esto, por no utilizar las palabras correctas para nuestro receptor o por no ver más allá de las de nuestro emisor, ¿Qué es más importante la forma o el fondo? La forma hay que ir puliéndola, pero el fondo es lo que es realmente “tu verdad”. Están los que se pasan la vida discutiendo sobré cómo decir las cosas pero no saben qué decir.
Nada pasa, ni ocurre, el tiempo se para en un instante que no quieres vivir, que carece de sentido. Un segundo, una hora, unos días, una época, da igual la cantidad, pero siempre el mismo sentimiento vacío y lleno de esperanza para que en el momento siguiente ese vacío se llene, pero de qué. En ese instante no lo sabes, puedes guiarte por los distintos sucesos que te han llevado a ese estado, pero sigues sin ver nada, no tienes las herramientas, no puedes ver más allá. Es posible que necesites tiempo, una persona, una luz, un reflejo de tus antiguos pensamientos… Pero eso acaba, siempre acaba, y lo olvidas en tu relajación de los días normales y te olvidas de buscar una solución, y cuando vuelves a ese estado, una y otra vez te equivocas sin apuntar una solución en un sitio donde nunca se pueda borrar, donde siempre puedas verlo.
No es malo ni bueno, no es triste ni alegre, simplemente es, ese es el problema.
En mi vida diaria influyen en mi muy diversas cosas. Haciendo un pequeño análisis puedo ver que tanto el ir a clase como las horas que debo dedicarle después al estudio es algo que me preocupa y/o me estresa, ese profesor que habla sobre unos observables que nunca he visto, espacios super guays donde funciona todo lo que dice, el mundo de las mil maravillas donde puede sostener la magnifica teoría creada por unos cuantos grandes de la física, que después debemos entender e incluso aplicarlo. Por otro lado veo mi relación entre todos aquellos a los que veo en clase, en el colegio mayor, con los que hablo por el msn; contando anécdotas, problemas de clase, problemas de la vida, hablando del tiempo, etc… También me encuentro preocupándome por aquellos amigos a los que hace tiempo que no veo y de otros tantos de los que no se nada de ellos, y de los amores, por qué no. Pero otra cosa que también me preocupa, algo que puede ser más escalofriante que todo esto y que menos podemos llegar a entender, es aquellos problemas a los que se enfrentan mis padres, y por tanto mi familia, cada día. Mi imaginación y la acción de estas cosas en mi, hacen que sólo pueda empatizar un porcentaje bastante inferior al que me gustaría.
Como saben, la mayoría que me conoce, mis padres crearon y comenzaron a llevar una radio en Málaga cuando yo apenas sabía hablar en condiciones (la primera cuña recuerdo estar grabándola con mi padre en la cocina, diciendo algo así como “perdonar si me equivoco, pero soy muy chiquitilla, acabo de nacer”, poniendo la primera voz a Radio 8).
Dependiendo de la época he vivido el trabajo de mis padres de diferentes maneras:
- Una primera etapa podría ser entre los 6 y los 12: el trabajo de mis padres era el culpable de que aún no hubiera salido de Andalucía de viaje, “mis padres no tienen vacaciones”-me defendía ante las miradas atónitas de mis compañeros. Las vacaciones más puntuales eran las que menos me gustaban, en semana santa iba con ellos corriendo detrás del macuto de mi padre y a los dos minutos ya estaba dándole por saco a mi madre para volver a casa, igual pasaba con la feria de Málaga. No era sólo ir de entrevista en entrevista, también las relaciones públicas, cada dos pasos un conocido y una charla de mínimo media hora, mis padres me explicaban –“Esto también es parte de nuestro trabajo”. Pero por otro lado tenía sus ventajas, entrar a Tivoli y al aquapark gratis, ¡Qué más puede pedir una niña!
- La segunda etapa está un poco menos clara, porque nos encontramos con muchos cambios en nuestra personalidad. Donde somos más conscientes de lo que nos rodea pero seguimos siendo egoístas, a etapas y momentos muy desiguales. La pondré de los 12 a los 17: Mis padres cierran la radio para una ampliación más, ahora se escuchará por toda Málaga de maravilla, contratan a más personal así el trabajo será más repartido, estas dos cosas implican más publicidad y más tiempo para mis padres. Soy consciente de ellos, me ilusiona, pero ¿Van a dejar a mis padres tranquilos? Una radio pirata en una punta de Málaga aparece solapando el dial de mis padres. Mi padre, hipertenso y diabético, operado en varias ocasiones, con dos cojones se pone en mitad de esa radio haciendo huelga de hambre. Después de esto, y varios cabrones más que parecen que no dejan tranquilo a la Radio ni a mis padres, me preguntaba ¿Pero no saldría más rentable intentar otro tipo de trabajo? ¿Por qué siguen insistiendo si con esta radio sólo tenemos problemas y no por ello nadamos en la abundancia?
- Una tercera etapa la pondría de los 17 a los 20, aunque también he sufrido muchos cambios, lo elijo así para resumir. Esas dos últimas preguntas que me hice, por fin las respondí y pude ver con ojos totalmente cambiados a mis padres. Esas preguntas se las hacían todos aquellos que les rodeaban y que no les entendían o no podían ver lo importante que es seguir con lo que uno cree. Ahora puedo ver lo importante de todo lo que hacen mis padres, la labor que siguen. Es una radio que tiene libertad de expresión, este sintagma que parece tan evidente en todo medio de comunicación, puedo darme cuenta que es más bien un gris oscuro en nuestros días, es una radio que lucha por aquellos que no tienen voz (ni voto) en nuestra sociedad, pero también ha poseído siempre, una programación de cultura y contra la ignorancia que muchas otras grandes cadenas ya les gustaría, y las personas más trabajadoras y sacrificadas que he visto en mi vida, luchando por lo que creen, ¿En esta sociedad esto se ve a menudo? Pero es una radio que me ha dado lo que para una hija puede ser más importante que todo esto, ha visto un ejemplo ha seguir de la verdadera honestidad y generosidad, para llevar con la cabeza alta el camino elegido.
Aún así voy a cumplir 21 años dentro de unos meses y no creo que suba de etapa, ¿Cuál sería la siguiente? Imagino, que no sólo ponerle palabras, sino poder realmente creérmelas.
Ahora se encuentran en un momento peliagudo, el mayor de todos, los incontables orcos que quieren invadir la radio no sólo no tienen escrúpulos, sino que además son tontos con poder. De esta guerra, causante de mi entrada en este blog, aún en proceso, podemos encontrar este artículo escrito por mi hermano Antonio: Réquiem por el equipo de gobierno de Cártama .
-¡Mírame de cerca!-le grito.
Se acerca dudoso, esperanzado, a la espera de lo que se puede encontrar.
Cuando llega, mira mis ojos, yo los cierro, no quiero descubrirme.
Baja su mirada y mi respiración se para, para que no respire mi aire usado.
Va a coger mi mano y la cierro en un puño para no demostrar mi temblor nervioso.
Dejo de sentirle, abro los ojos y está alejándose, cabizbajo, la ilusión se pierde. Al mirar mis ojos cerrados, creía que mi mirada no quería verle, al mirar mi boca no encontraba las palabras que quería escuchar, al mirar mis manos cerradas le señalaban el rechazo.
-¡Mírame de cerca!
Se vuelve y mira mis lágrimas, de nuevo se acercar pero no le cierro los ojos, penetro en su mirada, intento desvelar por qué se ha ido, mi cara se ilumina, se sonroja y mis labios, como cómplice, intentan dar una pequeña sonrisa.
-¿Intentabas mirar mis sentidos o sentir mis deseos?
Todo era parte del mismo juego, esperanzas, dudas, supuesto rechazo, reconciliación.
-Querría comprar las instrucciones, ¿Dónde puedo conseguirlas?
-Lo siento, se agotaron nada más abrir.
Y así, desde hace un millón de años, la humanidad vive sin un manual de ayuda.
“Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público. Ese es el caso del cantante alemán, de la actriz norteamericana, […]
La segunda categoría la forman las que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas […]
Luego está la tercera categoría, los que necesitan la mirada de la persona amada. […]
Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores. […]”
La insoportable levedad del ser.Milan Kundera.
“Sabía bien que nadie lo observaba, nadie lo escuchaba. El público diminuto que se imaginaba dentro de su cabeza no era real; nadie, amigo o enemigo, mira las películas de nuestras vidas. Podía hacer lo que quisiera… y al cuerno con la normalidad. Al parecer, era lo que siempre había deseado, lo que había buscado instintivamente. Podía salir y patear piedras en la ladera de un Karst toda una tarde; o llorar; o escribir aforismos en la arena; o gritar insultos a las lunas, que declinaban en el cielo austral. Podía hablar consigo mismo en las comidas, podía hablar con el televisor, o con sus padres o amigos perdidos, con el presidente, o John, o Maya. Podía dictar largas e incoherentes entradas de ordenador; fragmentos de historia sociobiológica, un diario, un tratado filosófico, una novela pornográfica –podía masturbarse-, una historia de la cultura árabe.”
Marte rojo. Kim Stanley.
Estos dos textos me hacen pensar en lo mismo. Siempre nos imaginamos ojos al nuestro alrededor. Sentir que no existe esa mirada nos desconcierta, para bien o para mal, o te sientes liberado o te sientes sólo, ¿No es al fin y al cabo como nuestro sentimiento de “aburrimiento”? El no saber que hacer, el sentir que la responsabilidad de aprovechar ese momento es tuyo, que no depende de lo que puedan pensar los demás ni de compromiso de asistencia, no tienes que actuar, no tienes que hacer nada. Hay pocas cosas del inglés que entiendo, pero hay una que me serviría ahora, como puntualizan este último matiz, como nos lo matizan cuando nos enseñan inglés, “no tienes que”, “You don’t have to”. ¿No hacer esto hace peligrar nuestro condicionamiento?
Para mi existe una similitud bastante clara.
Pero bueno, esto está tomando un camino que no esperaba y tampoco buscaba. Cuando leo esto es como si me estuvieran leyendo la mente, como si realmente me estuvieran observando, ¿Qué tipo de mirada es la que espero?¿Realmente me gusta pensar así?
Pienso que, en la mayoría de las veces, lo hacemos de una manera involuntaria, vivimos en una sociedad, convivimos con personas, tenemos amigos, familiares, conocidos, nos rodeamos de personas, que nos conocen, que nos observan, que piensan en nosotros, que pasan de nosotros, y nosotros ponemos nuestra mirada en los que elegimos y nos fijamos en quién nos mira y nos hacemos una imagen de lo que queremos enseñarles, ¿Qué pasa si nos damos cuenta que no hay ninguna mirada en nosotros? Todos queremos ser especiales, ¿No?, entonces ¿No es la mirada de los demás las que nos da o nos quita esa virtud?
Había una frase que decía “¿Hace algún ruido un árbol que cae en el bosque si no hay nadie para oírlo?”, ¿Hacemos ruido? ¿Somos parte de la sociedad si no hay nadie para oírnos? Según tengo entendido, la mecánica cuántica diría algo así como, que si y que no (el gato está vivo y está muerto). Aunque bueno, como dijo Descartes “Pienso luego existo”, y nos damos cuenta de que no somos un árbol esperando a que alguien nos escuche (para la mecánica quántica, seríamos el observador y el objeto, un poco complicado, creo yo, de resolver), pensamos y somos nosotros mismos los que nos damos cuenta de nuestra existencia en el mundo, que no necesitamos a nadie más. Claro que, para seguir adelante en el mundo, en nuestro mundo, no podemos quedarnos ahí tenemos que seguir viviendo en un mundo lleno de observadores (Descartes en su razonamiento usa a Dios como puente para llegar a lo demás, a la realidad fuera de uno mismo), y se encuentra ahí el dilema, ¿Queremos a esos otros observadores? ¿Nos ponen nerviosos? ¿Deseamos su mirada? ¿Queremos ser librados de ella?
Creo que siempre hay algunos momentos en el que nadie se percata de nuestra existencia, que pasamos totalmente desapercibidos, que no estamos en la mente de absolutamente nadie, ni cerca, ni lejos de nosotros, ¿Existimos en ese momento? Si no somos observados, ¿Quién puede afirmarlo aparte de nosotros?
En un libro (o varios) de la saga de Fundación, de Isaac Asimov, que leí, contaba como dos civilizaciones habían avanzado y prosperado de dos formas totalmente distintas, totalmente opuestas, uno era el planeta Solaria y otro Gaia, y el protagonista tenía que elegir cual era el futuro correcto para la humanidad.
Solaria era el planeta que representaba una sociedad individualista, cada persona vive sin contactos con humanos, tanto que el desprecio a este contacto se convierte en una fobia, y con una cierta evolución, al hermafrodismo, se vuelven solitarios, pero no deja de ser un planeta próspero (tecnológicamente hablando).
Se que el concepto de Gaia no es original de Asimov, pero intentaré expresarlo tal y como viene en el libro. Una frase que me llamó mucho la atención era como un personaje cuando hablaba o declaraba algo no lo decía como algo suyo, sino “Yo, nosotros, Gaia”. Todo estaba en perfecta armonía, llovía las veces que hiciera falta, tenían una memoria casi ilimitada, que compartían tanto con rocas como con animales como si fueran discos duros, si sentían placer, se dividía entre todo lo que significaba el planeta, perdían parte de su identidad, al igual que al contestar no lo hacían como “Yo”, cuando sentían o vivían algo era de la forma de “nosotros, gaia”.
Para elegir, ¿A qué le otorgamos la importancia? ¿A nuestra propia mirada o al conjunto de miradas? ¿Buscamos Solaria o Gaia?
Imagino que los extremos siempre son malos, no es bueno vivir solo dentro de uno mismo, ni perder nuestra identidad, pero siempre existirá un extremo al que vamos a tender.
La atípica estrella que corría hacia el celeste.Dors-seldon.
Hoy iba a ser un día normal, donde me había planteado darlo todo al estudio. Todo muy bien organizado:
-Ir a clase de 9 a 11am.
-Ir a la reunión sobre Erasmus 11am.
-Dormir (para recuperar las fuerzas de una noche de “estudio”)
-Empezar a estudiar a las 3:30pm para terminar cuántica.
-Clase de computacional a las 6pm donde encontrar y por tanto finalizar mi programa de la Ecuación de Schrödinger (no es una palabrota).
-Volver al colegio a las 7 pm, y seguir estudiando hasta la cenar…
Pero como bien dice la ley de Murphy “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.
Felizmente me levanto del segundo despertar del día, cual es mi sorpresa, ¿Carpeta? ¿Apuntes? ¿Mi cabeza? Nada de eso se encontraba en mi cuarto. Recuerdo la reunión nefasta sobre la beca erasmus y me dirijo velozmente a mi facultad deseando, esperando, esperanzada, de que un buen samaritano hubiera dado la carpeta a la secretaría o que en su defecto se encontrara en la clase de la reunión. Después de interrumpir un examen y molestar a varios conserjes dispersados por todo el recinto, vuelvo decaída a mi colegio, maldiciendo y con un malestar en el cuerpo considerable. Para que esto no ocurriera intentaba animarme con cosas como “¿Qué llevaba en la carpeta todo el trabajo hecho en este curso? ¿Qué tenía los problemas de cuántica para entregar mañana? ¿Qué se encontraban los problemas de Teoría de grupos que me había tirado varias tardes haciendo para entregar? ¡Buah! ¡Todo de nuevo que así se me quedan las cosas mejor! ¡Qué no puedo hacer yo!” Pero por más que intentaba que esto me animara, la primera parte de mi discurso siempre ganaba. Realizo varios esfuerzos más, llamadas telefónicas, mensajes en tuenti, incluso la creación de un evento.
De la misma forma vuelvo a la facultad a tener mi hora “tranquila” de programación, para mi sorpresa, una hora donde ni el profesor ni mi persona encuentra el susodicho problema y tal como traje el programa me lo llevé, ¡Ala! ¡La semana que viene más!
Llamada telefónica que no mejora la situación, malas noticias en el ámbito personal/familiar/salud.
Y ahora, ¿quién cojones (con perdón) se pone a estudiar después de la preocupación familiar, el mal estar de una hora perdida y sin apuntes?
Pero en fin, todas las historias deben terminar con alguna noticia buena (“El prota muere, pero salva a la chica”), justo después de terminar por tercera vez los ejercicios de cuántica, abro la puerta a una pareja iluminados por la luz de mi pasillo con manos repletas de buenas noticias, de sabiduría y de posibilidades, sujetaban mi gran carpeta negra, la pequeña volvía a casa (ya me la había imaginado en un pequeño mercader de esclavos…).
¡MUCHAS GRACIAS JORDÁN!
Besos, abrazos, paz y felicidad para todos ^^
Nota: Escasamente una hora antes de escribir esto os hubiera deseado muerte y destrucción para todos, menos mal que me han dado mi dosis de rejuvenecimiento con drogas y toda la demás parafernalia (recordando capitulo de los Simpson… “Bueno, la velada comenzó en el club de caballeros, cuando discutíamos sobre Schopenhauer mientras jugábamos al Backgammon”)
¿Cómo hacer que el sueño no se desvanezca? ¿Cómo esperar que tu pecho no se convirtiera en la fría almohada?
Estando entre la vigilia y el sueño, sin poder distinguir qué era real y qué era ficticio, producto de mis deseos, te sentía a mi lado, tu respiración, tus latidos, tu mano acariciando mi espalda, mi cabeza apoyada en tu pecho, deseando entre sueños que no se acabara ese momento, momento irreal que creaba en mí, paz y felicidad. Poco a poco mis sentidos me iban diciendo que era la hora de despertar, pero en ocasiones la evidencia y lo que quieres no se corresponden y prefieres luchar para no ver la mentira o el sueño. De la misma manera yo luchaba para conseguir un ratito más de mi sueño, luchando con mi cuerpo para que no se moviera, no hiciera ningún sonido, ni advirtiera nada del exterior que diera evidencias de mi derrota. Pero siempre hay que despertar, un pequeño ruido de la habitación de al lado, un rayo que pasaba entre la rendija de mi ventana y, por muy bien cerrados que tuviera los ojos, los otros sentidos estaban en ebullición, captando todo lo que me rodeaba, sin sutilezas ni tacto, la cálida estancia del sueño se había transformado en el frío de la mañana, la almohada áspera, una cama vacía, y un despertador apunto de sonar. Me enfrascaba con la almohada, intentaba recordar e imaginar todo lo que podía del sueño, estar otra vez contigo, convenciéndome de que si volvía a un instante antes de despertar conseguiría no perderte. Pero el despertador terminó por sonar, mis ojos se dieron por vencido, completamente consciente de la hora, di un brinco para salir de la cama y enfrentarme a otro día que me esperaba –Esta lucha es la verdaderamente difícil-.
Otra vez he soñado contigo. Esta vez intenté tener más cuidado, buscando el medio para que el ganador entre el sueño y la realidad fuera elegido por mi. En el momento que me percaté de mi inconsciencia, de tu inexistencia, abrí los ojos, di el brinco antes de que el despertador sonara, me acerqué al ordenador y te escribí.